“… y cuánto mejor lo hagáis, más os voy a pedir que trabajéis y sudéis”.
Qué escena…
Chachachá
Como de costumbre, nos colocamos formando un círculo en el aula. Tomás puso a funcionar el reproductor de música y empezó a sonar una canción con ritmo de salsa, aunque no sabría decir qué canción era exactamente.
Una vez más, se colocó de manera que todas pudiéramos verle y comenzó a realizar los siguientes pasos (morado izquierdo, fucsia derecho):
Como vio que intentábamos seguir el ritmo de la música y no podíamos, optó por bajar el volumen de la música hasta casi silenciarla. Volvió a colocarse en su sitio e hizo cada uno de los pasos muy lento, asegurándose en todo momento que todas le seguíamos. Iba explicándolos a medida que los hacía: “pierna derecha hacia delante piso, pisada con el pie izquierdo y vuelvo pierna derecha a su sitio y piso: uno derecha, dos izquierda, tres vuelve. Otra vez”. Hicimos lo mismo pero empezando con la pierna izquierda y, después, hacia atrás: “paso con el pie derecho hacia atrás, pisada con el pie izquierdo y regresa el pie derecho a su sitio. Otra vez: uno derecho atrás, dos pisada izquierdo, tres derecho a su sitio”. Cuando manejamos los pasos, volvió a subir el volumen de la música y estuvimos haciendo los pasos al ritmo de la misma.
Después, nos enseñó la secuencia de pasos de un lado a otro, primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda:
Procedió de la misma manera con la que nos explicó los pasos hacia delante. Cuando nos quedamos con ese tramo de la coreografía, bailamos salsa al completo uniendo las dos partes. Le cogimos el gustillo.
“Más difícil todavía: por parejas”. Primero hizo los pasos para que todas nos hiciéramos una idea de lo que tendríamos que hacer. “Vamos a hacerlos de forma individual, de momento: cuando pilléis el ritmo nos metemos en parejas”. La combinación de pasos fue la siguiente:
Repetimos los pasos un y otra vez, una y otra vez hasta que todos los hicimos más o menos bien. Me puse con Irene. “¿Tú cómo? ¿Para detrás?”, “vale”, “a la de tres: uno, dos, tres, y…”. Los dos primeros pasos los dimos bien, el tercero también; el problema vino cuando cambiamos de sentido: si no nos pisamos mil veces no nos pisamos ninguna. Otra cosa curiosa es que nos resultaba bastante complicado bailar sin mirarnos los pies. Misión casi imposible; al final del ejercicio ya conseguíamos bailar sin pisarnos por lo menos.
Coreografía
Habré usado muchísimas veces la palabra “coreografía”, pero nunca me había parado a definirla. Me pasa como cuando alguien te pregunta por algo que sabes lo que es pero no sabes cómo definirlo. En mi caso, diría que una coreografía es un conjunto de movimientos corporales que conforman un todo artístico, un baile, una danza. En el buscador de Google puse dicha palabra y ésta fue la definición que encontré: “es el arte de crear estructuras en las que suceden movimientos”. Significa, literalmente, “escritura de la danza”.
Ese día es lo que nos propuso. “Me vais a hacer el siguiente trabajo: tenéis que apuntar todo, absolutamente todo lo que pase hoy aquí. Porque lo que vamos a hacer es construir una coreografía. Yo os voy a ir enseñando los pasos: os daré una parte A, una parte B y vosotras tendréis que crearme una parte C, con el mismo número de compases que las otras dos. Buscaréis una canción con la que se pueda bailar la coreografía entera y me vais a teorizar todo”. “¿Cómo, cómo, cómo?”, no entendí muy bien eso de “teorizar” el trabajo. “Sí, a ver: vais a observar, vais a escuchar, vais a bailar y luego, a lo largo de esta semana, me vais a llevar a papel lo que hemos hecho; es decir, dibujarme los pasos, como lo que hicimos con los pasos de salsa. Tenéis toda la semana para hacerlo, incluido el próximo lunes por la tarde, ya que no tendremos clase: ese tiempo os lo dejo para que lo empleéis en la tarea. Quiero el trabajo en formato digital, nada en papel. Y tenéis hasta el próximo lunes, día 5, exactamente hasta las 00.00 horas para enviármelo por correo”.
“Y dale con el formato digital…”: sí, me enfadé, ¿por qué no podíamos entregárselo a mano? Me faltó cruzarme de brazos y poner morritos como los bebés cuando se enfadan. Soy una patosa en esto de las nuevas tecnologías; trastear con ellas me supone el doble de esfuerzo y es algo que me pone de mal humor, porque me cuesta, me obceco y me enfado conmigo misma. Me frustro, como una niña pequeña, por tener en mente lo que quiero hacer y no poder hacerlo por no saber usar las herramientas. Así que la idea de entregárselo en formato digital no me hizo nada de gracia.
Coreografía… ¿cómo?
Pidió cinco voluntarias a las cuales colocó formando una hilera mirando al público. Él se colocó delante de ellas, dándoles la espalda para que pudieran seguir sus pasos. “La coreografía que vamos a hacer va a ser de 4/4. Vamos a empezar con los dos primeros compases. Adquirimos la posición inicial y vamos a ir hacia la derecha, dando pasos hacia ese lado, empezando con la pierna derecha en un, dos, tres y: abro/junto/abro/junto; ahora lo mismo pero hacia la izquierda, empezando con la pierna izquierda: abro/junto/abro/junto. Otra vez: negra/negra/negra/negra y negra/negra/negra/negra”. Hizo los dos compases con ellas, de forma muy lenta; luego les pidió que los hicieran solas: quería observar y corregir si había que hacerlo. Las dirigió contando las negras que se sucedían hasta completar los dos compases (cada movimiento equivalía a una negra). Una vez manejaron los pasos, Tomás metió movimientos con los brazos que había que hacer a la vez que los ocho pasos con los pies.
“Bien. Ahora vamos a añadir un compás más de negras, que dice así: hago una “V” diagonal hacia la izquierda, llevando el pie izquierdo hacia delante en diagonal en negra, pie derecho hacia delante, regreso pie izquierdo atrás y, después, pie derecho atrás recuperando posición inicial”. Este compás tuvo que explicarlo un par de veces más mientras lo reproducía él solo de forma lenta. Preguntó a las chicas si estaban preparadas y entonces todos hicieron el compás procediendo de la misma manera que en los compases anteriores: él estaba colocado delante de ellas y las iba guiando verbalmente mientras realizaban los pasos. “Izquierdo diagonal/derecho diagonal/regreso izquierdo/regreso derecho en postura inicial. Otra vez: un, dos, tres, cuatro; otra vez: negra, negra, negra, negra”. Cuando el último compás estaba dominado, Tomás propuso realizar los tres compases, la coreografía desde el principio. La hicieron un par de veces.
“Cuarto compás, esta vez de blancas: abro llevando pie derecho hacia la derecha y lo mismo con el pie izquierdo para juntarlo con el derecho”. Hicieron los dos pasos tres veces y unieron el compás con el anterior, el de la “V”. Cuando interiorizaron el cambio de ritmo de negras a blancas, reprodujeron la coreografía hasta el último compás:
Incluyó movimientos con los brazos: en el compás en “V”, los brazos debían subir y bajar a la misma vez que se sucedían los dos pasos hacia delante y los dos pasos hacia detrás, haciendo coincidir el brazo izquierdo con el pie izquierdo y el derecho, con el derecho; en el compás de blancas había que menear los hombros durante el tiempo de dos blancas.
Las cinco voluntarias se sentaron y salieron otras cinco, entre ellas yo. “Llevamos ya cuatro compases. Vamos a por el quinto: hacemos mambo en cuatro negras llevando pie derecho hacia delante/vuelta a la postura inicial/pie izquierdo hacia delante/vuelta a la postura inicial. A la que llevamos el pie derecho hacia delante, subimos el brazo izquierdo como si estuviéramos andando; con el pie izquierdo, llevamos el brazo derecho hacia delante simulando el gesto de marcha”. Hizo él solo los pasos mientras los iba explicando de forma lenta. “Todas: un, dos, tres, cuatro. Otra vez: negra, negra, negra, negra”. Las nuevas voluntarias hicimos la coreografía desde el principio hasta ese nuevo compás. “Ahora vamos a dar media vuelta hacia la derecha en cuatro negras, haciendo coincidir la cuarta negra con una palmada”. Tomás hizo el compás “mambo” y añadió el nuevo compás terminando en palmada. “Una vez aquí hacemos lo mismo para volver a la posición inicial: mambo en cuatro negras, media vuelta hacia la derecha y palmada. ¿Listas?”. Hicimos el primer mambo y la primera media vuelta, repitiendo ambos compases hasta que todas conseguimos hacer bien los pasos. Después incluimos los dos últimos hasta que conseguimos hacer la vuelta entera, una y otra vez.
“Esta ha sido la parte A. ¿Cuántos compases hemos hecho en total?”, comenzamos a mirar nuestros apuntes… “Ocho”. Nos animó a hacer la coreografía construida hasta el momento. Primero se colocó delante de nosotras, dándonos la espalda y, después, se colocó delante, mirándonos y contando las negras de cada compás para guiarnos y marcar el ritmo.
Salió un tercer grupo de cinco personas que hizo la parte A de la coreografía: quería comprobar si desde nuestras sillas nos estábamos enterando de cómo iba la coreografía. “Vamos a empezar la parte B: en el primer compás de la parte B tenemos que llevar el pie izquierdo hacia delante y en diagonal, mientras apoyamos el peso de nuestro cuerpo en la pierna derecha que queda medio flexionada y señalamos con los brazos en la misma dirección”. Casi mil veces tuvo que explicar y reproducir él sólo ese compás pues nos costó bastante entenderlo y nuestras compañeras no conseguían captar el ritmo. “Primero señalo hacia la izquierda en dos negras y luego hacia la derecha”. Hizo el paso él sólo y luego el resto de compañeras a la misma vez que él pero puestas a su mismo nivel para verle los brazos. Antes de introducir un nuevo compás Tomás siempre se aseguraba de que los pasos que había enseñado hasta el momento estaban interiorizados.
“En el siguiente compás hacemos un “swim” en cuatro negras terminando con una palmada y colocados haciendo hecho un giro de 90°”. (Me resulta complicado explicar desde aquí el movimiento, así que insertaré directamente el gráfico):
Repitieron estos dos compases cambiando de foco, rotando sobre ellas mismas en el sentido de las agujas de un reloj, realizando ambos compases tres veces más, coincidiendo con los cuartos del reloj.
El último grupo bailó toda la coreografía de principio a fin. Al menos hasta su fin… “Pues lo que tenéis que hacer es teorizar todo lo que hemos hecho: escribir los pasos de tal manera que si le dierais vuestro esquema a alguien que no ha estado aquí fuese capaz de bailar la coreografía. Buscad una canción que encaje con la coreografía e inventaros una tercera parte, una parte C de ocho compases”. Asustada salí de clase.
Coreografía completa
Lo primero que hice fue buscar una canción en la que coincidieran todos los pasos. No me resultó difícil, pues como nos había dicho muchas veces: “la grandísima mayoría, el 98,9% de la música actual está hecha en compás de 4/4”. Habría adjuntado muchas más canciones en el correo, pero me pasaba de megas y me decidí por esta:
(Al ser el vídeo oficial la canción como tal no empieza hasta el minuto 00:57). Estaba conduciendo, volviendo de la universidad y comenzó a sonar esta canción, la cual hacía semanas que no escuchaba. De repente me acordé de los pasos de la coreografía y al terminar de aparcar, aun dentro del coche, comencé a mover los pies e imaginarme la coreografía. Me subió mucho el ánimo esa tarde y por eso la escogí.
Después de dedicarme una mañana de bailoteo en casa mientras colocaba la ropa en el armario, antes de ir a trabajar, comencé a grabar mis pasos para poder dibujarlos. Los dibujé, cosa que me costó bastante, los escaneé (bueno, me los escaneó y recortó mi padre) e hice la siguiente presentación:
¡A bailar!
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La última parte está compuesta por ocho compases de 4/4. No me atreví a meter ninguna figura blanca porque me resultó complicado ya únicamente con negras.
No sé si alguien que no fuera yo lograría entender y bailar mi coreografía… No se me ocurrió otra manera más sencilla de dibujar los pasos; quizá hubiese resultado más fácil la comprensión de otra manera. Lo que sí que tengo claro es que los más pequeños no entenderían el esquema; con ellos hay que simplificarlo mucho más y hacerlo más intuitivo.
Vals
Hablando de las danzas binarias y ternarias, apareció el vals como ejemplo de danza ternaria. Tras terminar su exposición teórica volvimos a la acción. El último día de clase con él… ¡Qué risas! No esperábamos menos. “Vamos a bailar vals; pero vals de verdad… No lo que se hace en las bodas cuando el tío de pueblo se pone a bailar con una y con otra…”, en ese momento se puso a bailar y yo no pude evitar rememorar la última boda a la que asistí: clavao’. “Aquí y ahora vamos a aprender los pasos básicos del vals clásico. Así que para próximas bodas…No seáis cutres y aplicad lo que vamos a ver ahora”.
Nos pusimos en círculo y empezó a explicarnos los tres pasos básicos, hacia delante y hacia atrás:
El primer paso, cuando el pie derecho va hacia delante, ha de darse flexionando las rodillas ligeramente para, en el paso número dos, volver a subir cuando nos apoyamos en la puntera del pie izquierdo y despegamos ligeramente el telón derecho del suelo (* talón se despega del suelo coincidiendo con el paso 2). Al volver hacia atrás, doblamos ligeramente las rodillas al igual que en la forma hacia delante. Me recuerda a un balanceo, como si estuviese montada en un columpio.
Los pasos se van sucediendo mientras la pareja va rotando y moviéndose en círculos por el espacio. El hombre tiene que coger a su pareja por la espalda, a la altura de la cintura y ella debe posar su mano a la altura del cuello de él rodeando con su brazo el hombro del mismo; los otros dos brazos han de permanecer horizontales pero ligeramente flexionados. Esta postura ha de mantenerse. “Para enseñar a los niños la postura correcta a la hora de bailar por parejas podemos proponerles sostener, entre los dos, una botella llena de agua abierta y ponerles la siguiente condición: durante el baile, el agua de la botella no tiene que derramarse. Aquello, al final, sabéis que acabaría siendo fiesta y cachondeo, todo el mundo empapado de agua. No sé, en alguna fiesta al aire libre para celebrar el verano, por ejemplo”.
Estuvimos haciendo los pasos repetidas veces: un, dos, tres hacia delante; un, dos, tres hacia detrás. Nos pidió que siguiéramos haciendo los pasos mientras él se puso a girar dentro del círculo. “¿Veis? En el vals la pareja puede bailar desplazándose pero los pasos han de ser siempre en línea recta. Y él, debe arrastrar el pie para no pisarla a ella… ¿Me concede este baile?”. Se puso colorá, pero accedió a bailar con él. Mientras, el resto observábamos sus movimientos. Nos enseñó con detalle cómo debían agarrarse ambos bailarines. Volvió a dejarla en su sitio y prosiguió el baile con la compañera que la seguía. Una y otra hasta que me tocó a mí. La verdad es que pierdes la concentración; no todos los días te saca tu profesor a bailar un vals. “No mires al suelo, los bailarines tienen que mirarse”, “es que sino no sé qué pasos doy”. ¡Pues me gustó la experiencia! Mi madre lleva meses diciéndome si me apunto con ella a bailes de salón… Lo mismo me lo pienso y le doy una alegría este verano.
“¿Y para no marearte?”, preguntó una de mis compañeras. “Para no marearse lo que hay que hacer es llevar la vista y la cabeza al punto donde te vas a dirigir; si no haces eso puedes acabar con la cabeza dando vueltas. Tu cabeza tiene que girar hacia la dirección que vas a tomar para conseguir visualizar el punto al que te vas a dirigir”.
Nos recomendó que nos tomásemos un rato para ver el vals de la película “El gatopardo”.
Pero para poder dibujar los pasos encontré el siguiente video en YouTube:
Reflexión
Dibujar los pasos de un baile es algo que jamás se me había pasado por la cabeza. De hecho, cuando él nos lo propuso, en un principio no entendí lo que quería que hiciéramos y cuando lo comprendí, no sabía cómo podría hacerlo. Tuvieron que ayudarme mis compañeras, Raquel e Irene, porque se me hizo muy complicado plasmar en papel los primeros pasos que trabajamos, los de salsa.
Una vez hecho el trabajo de la coreografía, habiendo visto más ejemplos de cómo plasmarlos en papel, a día de hoy, me sigue pareciendo una tarea difícil. Porque hay que tener muy bien interiorizados los pasos, comprender toda la técnica. La mayoría de nosotros, creo, cuando nos aprendemos una coreografía, llega un punto que la bailamos sin pensar; los pasos llegan a convertirse en algo automático. Como conducir: al principio es un mundo y tienes que pensar cada gesto, qué palanca tienes que tocar en cada momento; pero luego ese esquema se interioriza y conducimos “sin pensar” en ese sentido (hay que conducir siempre con cabeza, creo que se ha entendido lo que he querido decir). Como cuando mis padres me compraron la primera bicicleta. Chulísima, era azul y sí, llevaba ruedines. Recuerdo el día que mi padre me quitó uno de ellos: creía que la cabeza me iba a estallar de tanto pensar en pedalear y mantener el equilibrio. Pero luego ya…
Pues creo que eso mismo pasa con el baile. Estoy segura de que al final todas nosotras seríamos capaces de llegar al puf de turno y ponernos a bailar la coreografía que aprendimos sin tener ni que pensarla.
Me gustó cómo la aprendimos: poco a poco, fijándonos en él. Me recordó mucho a cuando iba a clases de aeróbic, donde el monitor repite los pasos una y otra vez y va añadiendo a la serie más y más pasos y, antes de dar otro más, haces la coreografía desde el principio hasta donde te has quedado. Pues la clase fue igual. Estuvimos sin música, pero nos lo puso fácil porque nos fue marcando el ritmo.
Volvimos a trabajar la concentración y la memoria, sobre todo la memoria; así como la coordinación, la atención. Sentimos un ritmo, hicimos nuestro el espacio y disfrutamos con la actividad de lo lindo. Me hubiese gustado ver las propuestas de mis compañeras y bailar algunas de ellas en el aula, con música, dándolo todo. Pero genial, como siempre.
Educación Infantil
En las prácticas de este año, mi tutora y yo les enseñamos a los niños y niñas (4 años) la coreografía para bailar el villancico de Navidad que nos había tocado. Fue este:
Fueron pocos pasos, sencillísimos, repetitivos y básicamente de manos y brazos. Pero los aprendieron a base de imitarnos a su profesora y a mí. Y me sorprendió que se hicieran con ellos tan rápido: a la cuarta vez ya se sabían la canción y casi todos los pasos. En este caso funcionó lo que Tomás hizo con nosotras en clase.
Pero si me pongo a pensar en algo diferente para enseñar alguna coreografía a mis niños, se me viene a la cabeza el famoso juego Twister.
Podemos fabricar nuestra propia alfombra de baile, con flechas de colores, simulando a las que podemos encontrar en los recreativos, pero mucho más sencilla:
Pie izquierdo
|
Pie derecho
| ||
Izquierda
|
Derecha
| ||
Pie izquierdo
|
Pie derecho
| ||
El niño se coloca en la parte blanca. La profesora va diciendo colores al ritmo de una música de fondo. Creo que es un buen comienzo para, más adelante, enseñarles coreografías más complicadas. A medida que van adquiriendo destrezas en el baile, podemos modificar nuestra manta, metiendo pasos en diagonal, por ejemplo.








