“Aquí estoy: con veinticuatro años, volviendo a estudiar música después de casi quince y buscando en internet la definición de compás porque no he conseguido entender al profesor casi nada de lo que nos ha explicado antes del examen. Qué lástima de mí”. Estaba en la biblioteca, el día antes del primer examen de música de este año y era una pensamiento que no me dejaba avanzar en mi estudio. Es verdad, es una pena: que me guste tanto la música y que me cueste tantísimo entender su teoría. Porque no sé traducir ni los sonidos a teoría ni la teoría a sonidos. Me costó este año volver a comprender lo que era un compás, qué significaba el valor de cada nota, etc. Pero busqué tutoriales en internet, me hice mis apuntes y demás y conseguí aprobar.
Pero de pronto apareció él en este segundo cuatrimestre. “Lo vamos a flipar… Lo voy a flipar”. Tras un cuatrimestre de teoría al ochenta por ciento, cuando le vi, todas mis esperanzas de aprobar la asignatura se esfumaron. Menudo miedito nada más presentarse.
“… conmigo tendréis que tomar nota de absolutamente todo lo que hagamos. ¿Por qué?, ¿para qué?, ¿para quién?, ¿por qué así?; reflexionad. Debéis observar con la cabeza lúcida.”
Mi gozo en un pozo, se acabó para mí; ni música, ni músico y encima este señor nos va a matar. Además recuerdo como todas, y Víctor, comenzamos a mirarnos moviendo la cabeza hacia los lados y levantando las cejas. Al darse la vuelta para preparar la clase, aprovechamos para intercambiar impresiones: “y nos quejábamos del otro…”, “vamos a alucinar”, “me parece una pasada, ¿recoger todo? Pero, ¿por qué?”, “junio, allá voy…”. Vamos, que cundió el desánimo. ¿Y yo? Muerta de miedo. Sí, sí. Le vi muy serio, demasiado serio recuerdo, y ya el primer día dejó claro lo que quería y esperaba de nosotras. Yo me imaginé que nos fundiría a teoría pura y dura, que el anterior profesor se había quedado cortísimo. Y si el cuatrimestre anterior me había costado por mi problema para entender la teoría, éste ya me veía derechita para junio, a la recuperación.
Primeras impresiones, ¿las apariencias engañan? Vaya que si engañan… ¡Menuda sorpresa! Grata sorpresa… Nos pidió que nos pusiéramos en pie formando un círculo y la clase comenzó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario