¿Me das tu número de teléfono?
Ya lo había mencionado la semana anterior o la anterior: qué importante es hacer sonidos con el cuerpo; comprender que tenemos un cuerpo que puede hacer las veces de instrumento.
Una vez más, nos colocó haciendo un gran círculo. “Seguidme”, y comenzó el concierto:
- 1 = palmada
- 3 = palmada/mano derecha golpea el pecho/mano izquierda golpea el pecho.
- 5 = palmada/mano derecha golpea el pecho/mano izquierda golpea el pecho/mano derecha golpea la parte frontal de la pierna derecha/mano izquierda golpea la parte frontal de la pierna izquierda. (Ó 3 + mano derecha golpea la parte frontal de la pierna derecha/mano izquierda golpea la parte frontal de la pierna izquierda).
- 7 = palmada/mano derecha golpea el pecho/mano izquierda golpea el pecho/mano derecha golpea la parte frontal de la pierna derecha/mano izquierda golpea la parte frontal de la pierna izquierda/mano derecha golpea la parte derecha del trasero/mano izquierda golpea la parte izquierda del trasero. (Ó 5 + mano derecha golpea la parte derecha del trasero/mano izquierda golpea la parte izquierda del trasero).
- 9 = palmada/mano derecha golpea el pecho/mano izquierda golpea el pecho/mano derecha golpea la parte frontal de la pierna derecha/mano izquierda golpea la parte frontal de la pierna izquierda/mano derecha golpea la parte derecha del trasero/mano izquierda golpea la parte izquierda del trasero/pisada con el pie derecho/pisada con el pie izquierdo. (Ó 7 + pisada con el pie derecho/pisada con el pie izquierdo).
Una vez todas tuvimos claro cómo reproducir cada número, Tomás se acercó a una compañera: “Hola guapa, ¿me das tu número de teléfono?”; ésta comenzó a reírse, risa que contagió a Tomás, “no soy tan feo hombre…”. “3357”, dijo finalmente. Entonces el profesor reprodujo con el cuerpo ese número de teléfono. De izquierda a derecha nos fuimos diciendo nuestro “número de teléfono” y reproduciendo el que nos tocaba.
335’51335-café
Tras ensayar varias veces los movimientos que correspondían a cada número, Tomás nos propuso la siguiente combinación: 335’51335-café; correspondiendo la coma a producir dos pisadas, una con cada pie (derecho-izquierdo) y añadiendo en voz alta la palabra “café”.
Escribió la misma en la pizarra. Primero, ensayamos la combinación formando un círculo del que él era parte. Cómo no, todas mirábamos constantemente la fórmula escrita en la pizarra. A medida que íbamos avanzando pasos, Tomás nos iba marcando el ritmo mientras él mismo reproducía también la combinación numérica. La verdad es que, para mi parecer, nos costó bastante; sobre todo formar un único sonido, es decir, ir todas sincronizadas: siempre había alguien que se adelantaba, que metía una palmada donde no correspondía y, lo más común, era que acelerábamos el ritmo casi sin darnos cuenta.
“No vale hacer trampas; tenéis que aprenderos la combinación así que…. Formad una hilera”, Tomás deshizo el círculo y todas nos pusimos una al lado de la otra, formando una hilera que llegaba casi de un extremo al otro del aula. Se colocó delante de nosotras y esperó a que dejáramos de cuchichear y reírnos… “¿Qué pasa, eh? Ahora sí que sí, ¿eh?”, nos dijo en tono burlón: ¡ninguna de nosotras podíamos ver la pizarra! “Bueno, venga ¡va! Concierto. Ahora yo no voy a hacer los pasos con vosotras… os voy a dirigir desde aquí, marcando el ritmo. Así que nos colocamos, nos concentramos… Un, dos, tres, y…”. Hicimos la combinación hasta la coma; Tomás se interesó porque todas cogiésemos el ritmo y nos aprendiéramos qué pasos conformaban esa parte. Repetimos una, dos, tres, cuatro, cinco… Hasta seis o siete veces hasta que todas comenzábamos al mismo tiempo y terminábamos de la misma manera, juntas. Poco a poco, fuimos metiendo números y la dinámica fue así: metíamos un paso nuevo y reproducíamos todo hasta el nuevo paso, éste incluido; cuando manejábamos esa parte, metíamos otro paso más y hacíamos todos los pasos hasta éste último.
“Ahora que ya nos sabemos todos los pasos, vamos a hacer lo siguiente: vamos a formar un círculo pero cada una se pondrá detrás de una compañera; porque vamos a hacer música y, en el momento que tengamos que hacer las dos pisadas, vamos a dar dos pasos”, “¡Ala!”, esa fue nuestra respuesta mientras algunas, sólo de imaginarlo, se morían de la risa. Pero lo hicimos. Al principio sufrimos atropellos, y la verdad es que nos conseguíamos avanzar mucho. Cuando ya tuvimos la dinámica pillada llegó el gran momento “café”. “Bien. Pues ahora, justo al terminar de reproducir el último número, extenderemos nuestro brazo, así de ésta manera, y diremos ¡café!”. Nos miró y contó “un, dos, tres y…”, nos unimos a él, “¡café!”. “¡Buah!, vaya porquería de café… Café aguao’”… En los tres años que llevo con ellas nunca las había visto llorar de risa en una clase, de verdad. “¡Esto no es un café ni es ná! ¡Hay que vivirlo!”. A la tercera o cuarta vez hicimos el mejor café del mundo. Ya estábamos preparadas entonces para reproducir la fórmula de principio a fin. Y… ¡CAFÉ! Aplaudimos mientras no podíamos parar de sonreír. “Ahora saludamos al público”, Tomás hizo que nos cogiéramos de las manos y saludásemos como hacen los grandes actores al final de la obra teatral. Una, dos, tres, hasta cuatro veces saludamos.
Genial.
Doug Goodkin
“La música no es un talento, sino una forma de inteligencia”
Nacido en Nueva Jersey en el año 1951, Doug Goodkin es conocido por su trabajo como educador musical y como defensor del método Orff. Buscando información sobre él (cosa que me costó bastante) encontré esta entrevista, a mi parecer muy interesante, realizada en el año 1999:
Entre otras cosas, Goodkin afirma que "la música no es un talento que poseen sólo algunas personas: es una inteligencia que tiene todo el mundo y que todos podemos desarrollar, y esto es algo que la gente tiende a olvidar". Me encanta esta afirmación, porque representa muy bien mi forma de entender el arte, entre ellos la música.
Otro enlace relacionado que encontré interesante fue el siguiente:
En él se detallan las distintas inteligencias que conforman el pensamiento del ser humano. Entre ellas destacaría la inteligencia musical, que es la que el autor defiende y se ocupa de trabajar y educar. Su libro Sound Ideas Activities For The Percussion Circle, recoge toda su filosofía acerca de la música.
Didáctica de la percusión corporal
Al pensar en percusión corporal se me viene a la cabeza el grupo Mayumana:
Mayumana es un grupo de danza y percusión que nació en Israel en el año 1997. Sus componentes ofrecen diversos espectáculos donde el teatro, la danza y la percusión se funden para mostrarnos un espectáculo original, llamativo y envolvente. Sus coreografías suelen ser bastante movidas, muy activas y reproducen la percusión utilizando varios objetos reciclados, como contenedores de basura. Son mundialmente conocidos.
La percusión corporal llama la atención; llama mucho la atención, al menos a mí me resulta impresionante: creo que utilizar el propio cuerpo como instrumento, explotarlo como tal, ofrece una serie de ventajas más allá de las musicales, relacionadas con las tres áreas de conocimiento en Educación Infantil. Y eso el algo que nos interesa mucho en ese nivel. Opino que los primeros años de vida son fundamentales. Me remito a mi caso: me gustaría aprender a tocar el piano, pero soy plenamente consciente de que me va a costar el doble ahora de lo que me habría costado teniendo siete u ocho años. El cerebro de los niños es mucho más plástico que el nuestro; a medida que pasan los años perdemos esa plasticidad, por eso nos cuesta tanto aprender ciertas cosas, como tocar un instrumento o aprender idiomas (el inglés es mi asignatura pendiente a día de hoy).
Buscando información sobre la didáctica de la percusión corporal encontré el siguiente enlace:
Si ponemos en el buscador de YouTube “percusión corporal” podremos ver cómo nos aparecen multitud de vídeos de Javier Romero. Estuve curioseando un buen rato su página web y debo decir que me pareció todo un mundo. Leí acerca del método BAPNE y me paré a leer cada uno de sus componentes. No pensé que la percusión corporal podría desglosarse tanto.
Reflexión
Realmente bien, lo pasamos muy bien trabajando la percusión corporal. Pudimos ver otra vez la importancia del líder, el comportamiento del mismo y su presencia. Fuimos conscientes de lo imprescindible que resultan las técnicas básicas de dirección. Tomás estuvo en todo momento pendiente de todo: del ritmo, de los sonidos, de los pasos, del grupo en general y de cada una de nosotras en particular. Visto lo visto, creo que es un trabajo que hay que currarse: el saber dirigir un grupo. Porque ahora qe estoy pensando y recordando cómo me sentí, he de reconocer que no hacía más que mirarle y confiar, tratando de descifrar cada gesto; hecho que no me costó demasiado, por no decir nada, ya que él nos lo ponía muy fácil en todo momento.
Con estos ejercicios y con la actividad de la combinación numérica trabajamos la atención, la memoria, el ritmo, el cuerpo, los distintos sonidos que podemos reproducir con las distintas partes del mismo, la concentración, la observación, el lenguaje no verbal (comunicación gestual y corporal).
Educación Infantil
Como dije antes, creo que es muy buena idea recurrir a la percusión corporal con los más pequeños. Utilizar el propio cuerpo como instrumento nos lleva a conocer mejor el mismo, y eso, en los primeros años, es fundamental. A través de esta didáctica, nuestros niños logran aumentar la capacidad de concentración y atención, ser sensibles en relación a su propio cuerpo y a la localización de cada una de sus partes, coordinar el movimiento, desarrollar las actividades motrices fundamentales y aumentar el gusto por el trabajo en grupo. Además, creo que conseguimos que nuestros niños un gran fomento del autoestima al hacerles descubrir todas las posibilidades que su cuerpecito les ofrece, que son capaces de construir ellos mismos música sin ningún elemento intermedio.
Tendrán unos seis o siete años:
Les miro y puedo ver unas caritas de concentración indescriptibles, unos ojos pendientes en todo momento de su profesora, la cual les va marcando correctamente el ritmo y les va indicando cómo proceder.
Con los más pequeños podemos sentarlos por grupos, cada uno en distintas mesas. Cuatro grupos en total: uno tendrá que reproducir chasquidos (o en estas edades, cuatro o cinco años, pueden sustituirlos por “chasquidos de boca”), otro se encargará de dar palmas, otro de percutir sobre los muslos y otro de hacer sonidos mediante pisadas. La profesora se coloca en el centro de las cuatro mesas y va señalando, primero, a cada uno de los grupos con el fin de ensayar la técnica de reproducción de sonido de cada grupo. Así, con el primero… “Cuando baje el brazo dais un chasquido, ¿vale? A ver…”; esto se podrá repetir tantas veces como sea necesario, hasta que el grupo responda correctamente a las indicaciones de la profesora, trabajando varios ritmos. Dedicaremos un tiempo a cada grupo para asegurarnos que todos son capaces de cumplir su cometido y seguir las indicaciones de la profesora. Para generar una buena ambientación y meternos más en el papel, podremos coger telas del rincón de los disfraces y disfrazarnos de músicos; así conseguiremos que los niños se emocionen y se metan más en el papel. Una vez disfrazados y habiendo ensayado la técnica, comenzamos el concierto. “Empezaremos a la de tres, pero sólo tienen que tocar los que yo vaya señalando como hemos hecho antes: cuando baje el brazo palmada/chasquido/muslo/pisada, ¿vale? Un, dos, tres, y…”. La maestra puede comenzar con un ritmo sencillo, permaneciendo en cada grupo bastante tiempo y dejando muy claro cuál va a ser el siguiente grupo.
Como actividad libre podemos optar por trabajar la percusión corporal en la asamblea, escogiendo una canción y pidiendo a nuestros niños que sigan el ritmo haciendo sonidos con el cuerpo como quieran. También podemos trabajar la percusión corporal en las sesiones de psicomotricidad: los niños trabajarán siguiendo a la profesora mientras ésta va reproduciendo una serie sencilla de movimientos mientras los verbaliza, acompañando el ejercicio con música de fondo.